La era de la desesperación

Es muy curioso voltear y ver que hoy en día no podemos ni mirar una imagen en su totalidad. No podemos escuchar una canción completa sin antes cambiarle de estación, ni leer un buen libro sin saltarnos algunas páginas por las ansias de que llegue a su fin.

¿Será por una vida acelerada o un hábito muy tóxico que hemos desarrollado? Ya no vemos la belleza de los detalles, nos hemos centrado mucho en lo superficial. Pero aquí no termina el problema, ya que estos hábitos llegan a lugares mucho más complicados: los comportamientos que tenemos cuando compramos e interactuamos con las marcas.

Está totalmente comprobado que es imposible que como personas dejemos de consumir (siempre ha existido y existirá dicha necesidad) pero de pasar a ser compradores más centrados hemos pasado a ser nómadas sin control. Aquí la pregunta que debemos plantearnos es la siguiente: ¿Estaremos tan inquietos y acostumbrados a los cambios veloces que hoy en día vivimos que ya no nos preocupa lo que compramos? La gente ha dejado de pensar más a fondo en quién es a quién debe comprarle y en donde invertir su tiempo e interés, cosa que se vuelve peligrosa, ya que se abren las puertas a diferentes tendencias de consumo sumamente compulsivas que pueden ser a la larga muy perjudiciales en una sociedad que no sabe actuar con responsabilidad y empresas que pueden aprovecharse de eso. Aquí, es donde entra el reto de la marcas que hoy en día realmente quieren trascender en la mente del consumidor. Las marcas que realmente se preocupan por su mercado y buscan cambiar el switch, no caer en el juego y pensar más en la gente; de preocuparse por la manera en que el mercado se está comportando ante una era en donde la inquietud reina en su totalidad, y de una manera transparente y creativa tomar dicha oportunidad para desarrollar estrategias que logren a la larga un beneficio económico y social.

Nuestra responsabilidad como empresarios recae en conectar con el mercado de una manera honesta, logrando educar al consumidor en lugar de enajenarlo.

-Diego Arámburu

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