Diarios de Motocicleta (Parte 1)

Mi viaje motociclista comenzó hace poco más de un año, febrero 2015, ese mes fue cuando por primera vez tomé en mis manos una motocicleta, una sensación de felicidad extrema y libertad recorría mi cuerpo entero al manejar una moto 250 cc por un estacionamiento ubicado en Toluca, recuerdo sentir como mis ojos se sentían pesados y mi garganta se sentía como tapada, por poco dejo correr lagrimas por mis pómulos.

Era una época demasiado mala para mi, estresado con tanta carga de trabajo y estudio por mi universidad; las motocicletas ya me habían llamado la atención algunos años antes pero decidí que era hora de probar una y ver si podía traerme tanta felicidad como se rumoreaba, no me equivoque ni por poco…

El trabajo para convencer a mis padres fue duro, ya había tenido varios choques en mi coche por imprudencia y velocidad excesiva, pero después de varios días de discusiones y algunos buenos argumentos de mi parte, mi padre decidió pagarme un curso ya que el pensaba que era la mejor manera de iniciar a manejar una motocicleta y así fue, aunque yo iba con el miedo de enterarme por los instructores que no había nacido para manejar motocicletas o que nunca habían visto a alguien tan malo, salí de ahí con todas las bases y los conocimientos para manejar una motocicleta yo solo.

Algunos días después o semanas no lo recuerdo, mi tío me prestó una Yamaha 250 cc de repartidor de pizzas (literalmente), el progreso fue impresionante, salíamos mi padre y yo a dar vueltas y yo daba las vueltas a una velocidad casi parecida a él, me sentía demasiado cómodo maniobrando, incluso algunas veces se me iba de lado la moto estando parado, pero por el ligero peso la levantaba muy rápido, sólo que me di cuenta que la idea de comprarme una moto de 250 Centímetros Cúbicos no era tan buena, uno se aburre demasiado rápido de la poca velocidad y arranque que tiene un motor de ese tamaño.

Después de perfeccionar todo lo que se pudo de mis técnicas de manejo en la Yamaha, decidí preguntarle a mi padre si me dejaría usar su Harley Davidson Sportster 883 año 2008, él aceptó y el primer día que manejé la motocicleta fue en el estacionamiento del estadio de Ciudad Universitaria, recuerdo sentir por primera vez la aceleración de una “moto de verdad”, inmediatamente que abría el acelerador sentía la potencia y la velocidad que podía alcanzar una moto con motor mucho más grande a los que yo estaba acostumbrado, la moto tenia el manubrio modificado, por uno no tan recto para obtener el efecto “Café Racer”, el salto a la realidad de las motocicletas “de verdad” fue demasiado duro, no se maniobraba nada parecido a la Yamaha, el peso era mucho mayor y los nervios de traer una moto más cara y tan amada por mi papá complicaban más las cosas.

El volante estilo “Cafe Racer” hace que la posición del piloto sea menos recta y mas inclinada, debido a esto, es más difícil mantener la posición, los brazos se cansan mas rápido junto con todos los músculos del cuerpo. Decidimos modificar el volante y utilizar el original cuyo ángulo es más recto, lo que permite descansar más los brazos y contar con una postura más recta, lo que hace que los viajes sean menos cansados.

Entonces fue cuando la verdadera acción comenzó, los recorridos se hicieron más largos y poco a poco las curvas se volvían mas fáciles, íbamos aumentando la velocidad en curvas y en rectas conforme me sentía mas cómodo.

La sensación que me provoca la motocicleta en una carretera es inigualable, siento una felicidad que recorre todo mi cuerpo, siento como si flotara y muchas veces me he percatado de la sonrisa de oreja a oreja que me causan esas rodadas. Hay otras sensaciones muy importantes como la adrenalina que se siente en las curvas de cualquier carretera y más cuando son curvas peligrosas o pronunciadas, misma que se siente cuando se necesita rebasar en una carretera de doble sentido o cuando se va a una gran velocidad que normalmente se alcanza en las rodadas en carreteras.

Hay algo diferente en las motocicletas, sientes libertad en todo el cuerpo, paz y tranquilidad, los pensamientos malos se van, de pronto no estas sobre la carretera, estás dentro de ella, formas parte de ella, es una sensación que te cambia la vida…

-The Wanderer

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