Cóndor

Hoy te voy a contar una historia:

En el lugar en donde nací, el aire nos quemaba la piel, a todos se nos ponían los pómulos rojos, se nos resecaban los labios, cubríamos nuestras orejas con gorros multicolor y al cuerpo con el cuero de algunas bestias.

La comunidad estaba en un valle, cubierto por un gran y denso bosque donde vivían distintos animales, me encantaba esconderme entre rocas para observarlos sin que yo fuera detectado, habían lobos, ovejas, venados, cerdos cafés y distintos tipos de insectos.

Pero siempre hubo un animal que quise ver, que dicen que era el rey, el gran patrón que dominaba los cielos, que desde ahí podía ver la suciedad de la tierra, en la blancura de las nubes.

Su trono estaba en la cima de una alejada montaña, en donde era espectador del nacimiento y muerte del sol. Su esencia entre claridad y negrura, supone la sinergia equilibrada encomendada a barrer con los cuerpos que ya no tenían vida; su trabajo era digerirlos, para reintegrarlos como polvos en la tierra.

Su cuerpo es enorme, con una cabeza extraña, está cubierto de ceniza que emana de los volcanes, sus alas cubren todo el cielo y con sus garras puede perforar hasta el hierro.

Todos los días después del colegio, tenía que seguir con la misión de explorar más sitios, cada vez más altos y alejados. No importaba nada, el frío, la lluvia o las piedras en el zapato no me iban a detener nunca, servía mucho que estaba sólo, no podía quejarme con alguien ni esperar por la inutilidad de otro, era mi encomienda personal.

Mi objetivo era la búsqueda del poder natural, una grandeza superior sin comparación, me dominaba el deseo de ver lo que nunca nadie había visto, de poder decirle a todos que el rey sigue existiendo.

El tiempo pasaba, empecé a ser una vergüenza en el colegio, mis compañeros me decían que perdía el tiempo en buscar un simple pajarraco que ya hace mucho tiempo se había ido de aquí, o que las familias pasadas ya habían cazado a todos, que el ser humano era el nuevo dueño de la tierra.

Pero me negaba a creer semejante falacia, los grandes señores del pueblo cuentan que antes del nombre Riobamba, bajó a estas tierras, se convirtió en hombre para seducir y llevarse a la mujer más hermosa de la comunidad, Amaru, eso definitivamente no es de este mundo, estoy seguro de que por amor cedió sus privilegios a los dioses.

Su nombre ha sido deteriorado por los humanos, como hoy cuando se grita “Ahí viene el Condor”, una bestia homónima conformada por personas que desprestigian el orden natural, que creen en una omnipotencia representada por dioses humanos con capacidades sobrenaturales, como la mujer parada sobre la Luna Negra que se ve en el país de aquí alado, es así como siempre ha funcionado.

Este otro ser desencadenó un mar de sangre que separó al aire de la tierra, Amaru se fue de este mundo. Imagina la tristeza, el sacrificio en vano por el que El Cóndor tuvo que cortarse las alas, dejar su imperio y su trabajo con la muerte, ese día gritó a los cielos, expulsando el alma de su cuerpo; perdió la memoria y se encuentra errante por quién sabe donde buscando quién sabe que.

En esa afición de El Cóndor me di cuenta de algo, he llegado aquí sin saber, sin entender por qué lo hacía, atravesando selvas, pantanos, viajando en la cima de un tren que en cualquier momento te traiciona y te parte a la mitad, estar en un cajón de aguacates lleno de mierda.

Por eso pienso ¿Qué soy, si no te tengo a ti?

Un miserable inmigrante con las manos ensangrentadas por las espinas de las flores más hermosas. Soy el que come frijoles con tortilla, el que no levanta la mirada a los ojos azules.  Soy el “fucking mexican” cuando ni mexicano soy.

Soy el que vive en una tierra arrebatada, donde el dueño de mis antepasados era un ave y hoy es un hombre de talco, hijo de Eva, la mujer desobediente, un hombre que castiga pero tiene un Dios piadoso, un hombre que está lleno de culpa, pero no se frena ante nada.

Soy el que dejó a su madre enterrada muy lejos, el de la piel dorada por el sol que calcina, de los ojos labrados en cobre, el que su corazón bombea el magma rojo por las venas.

Soy El Cóndor sin alas, que no extraña los cielos, que dejó de escapar para quedarse aquí. Soy ese que ahora quiere entregarte su vida.

-elHund

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