Las Bestias

Melancolía.png

Ya he cruzado las selvas más profundas del mundo, evadí al cartel Colombiano, los lagartos en Panamá, En Costa Rica hasta me sentí de vacaciones.

Justo acabo de cruzar Nicaragua y Honduras, dos países totalmente hundidos en la miseria, familias separadas por la misma razón que la mía, alguien sale a buscar un mejor futuro, alejarse de la violencia y vivir en paz. No es algo que me sorprenda realmente, todos los latinos tenemos la misma historia, de alguna u otra manera.

¿Qué es lo que mueve a estos países? Es el camino natural por el que tienen que pasar las drogas Colombianas a los Estados Unidos, afectando directamente a esa población, creando pequeños grupos de analfabetas que luchan por el control de las mimas y que poco a poco pierden su humanidad matando  quien se les atraviese.

Deberían legalizar toda esta mierda. De todas maneras la gente latina no aspira porquerias por la nariz. Eso es la locura y perdición de los blancos que no son tan fuertes en espíritu para soportar el peyotl o la ayahuasca. Ven su reflejo en el espejo y se cagan del miedo.

Aunque bueno, cagado del miedo estoy yo. No voy ni por la mitad del camino y temo por mi vida, Guatemala es el último respiro de tranquilidad que voy a tener.

Voy a comprobar las historias que cuentan. Que en México hay una bestia oscura y traicionera. Que no queda de otra más que tratar de domarla. Que en las noches te traga para partir tu cuerpo.

Estar pegados como alimañas al frio del hierro. Sufrir los asaltos de los bandidos, ver a un metro de distancia cómo violan a las mujeres y quedarte callado, esas bestias sacan un arma y te vuelan la cabeza.

Frontera Guatemala-México.

Estoy frente a los límites entre la Tierra y el Infierno, no se si el poder de Dios llega hasta aquí, es cómo si todo el camino anterior me advirtió que hay limites que no hay que cruzar.

Me dicen que me vaya por otro camino, para no pasar por las autoridades que vigilan, pero no es por buena gente que me ayudan, lo primero que me han pedido es mi cuota, tres mil pesos mexicanos o trescientos dólares americanos.

Es de noche, siento los mosquitos devorando mi cuerpo, no se si hay sangre suficiente para esta negrura clavada en mi piel. Aquí hay pura agua y selva, me dijeron que hay más cocodrilos que en Panamá y esta vez no traigo una linterna para alumbrarles los ojos y mínimo saber dónde están ocultos.

Hoy soy un hombre visitando las tinieblas, atravesando un pantano de muerte en un sólo respiro, guiado por falsos profetas que sólo quieren dinero y no el beneficio del prójimo. En fin, no creo que haya que juzgarlos, al final del día, todas las relaciones humanas tienen un interés inherente, dinero, fama, sexo… Solo somos intermediarios para llegar a cumplir nuestros fines egoístas.

Hemos llegado a un punto en que tenemos que cruzar el río, no dejo de pensar en los peligros que viven a las orillas de éste.

-¿Qué hago si me ataca un lagarto?

-No hay mucho que hacer, depende dónde te ataque, pero no te preocupes, dejanos a nosotros ir adelante y atrás del grupo, normalmente no atacan a los de en medio.

Que gran consuelo. Entramos al agua, ya no hay vuelta atras. Se siente el fango a los pies, con ganas de tragarnos se queda con mi zapato, obligando a mi piel a tocar el lodo succionador.

Hay ramas que navegan por ahí, basura que la gente deja, animales que se escurren entre nuestras piernas.

Ya estamos a la mitad, el sufrimiento no ha sido tanto, sólo el tiempo que parece no haber transcurrido, momento tras momento, estoy viviendo el presente.

Al cruzar el río, pocos metros después está Tenosique. Al fin conoceré a la Bestia devoradora de almas.

Vemos una luz a lo lejos, parece ser un vehículo muy grande, ¡Debe ser la policía! Empezamos a correr hacia el lado contrario. De repente nos topamos con dos vehículos más que eran invisibles en la oscuridad de la noche.

-¡¿A dónde van perros?!

Fuimos acorralados como descerebradas ovejas que corren juntas ante el peligro inminente. Nuestro enemigo era más pequeño en número, pero contaba con armas letales que podían acabar con nuestra vida en un segundo.

Todos se echaron a correr, mientras yo me quedé paralizado. Algo me detenía, ¿Será mi sentido común? ¿Será mi estupidez?

Me tiré al piso y me arrastré lo más rápido que pude. Ya no me importaban los peligros de la naturaleza. En este punto no eran hombres, sino lobos hambrientos que nos perseguian.

Encontre un hoyo y fui directamente hacia allí. Me eché un poco de tierra encima y las únicas palabras que dije fueron: Dios mio, en tí confío.

-elHund

Conoce a Cosme y a Clara (Los dos personajes principales que forman esta historia)

Advertisements