A la deriva

Conoce la primera parte de esta historia aquí

Es todavía muy temprano, siete de la mañana para ser exactos y ha llegado el momento de preparar todo lo necesario para el viaje, tomo un baño de agua hirviendo como siempre, me quedo más tiempo de lo normal debajo del agua, siento como si el agua me protegiera, miles de pensamientos vienen a mi cabeza y mi miedo a lo desconocido sigue ahí, algo me dice que cosas malas me esperan.

Preparo lo de siempre más las armas que me han proporcionado para el viaje, no sé qué encontraré pero espero no tener que usarlas, aún así los directores de la estación espacial insistieron en que las llevara.

Al llegar al hangar de salida, todo el equipo me ve con ojos de inquietud, algunos asombrados, otros con miedo en sus caras, creo que ellos también saben que me esperan tiempos difíciles.

El plan era sencillo, viajar miles y miles de kilómetros para llegar a “Mohren” y encontrar la respuesta a la salvación humana de la que hablaron los “seres” que nos contactaron, sólo que existía un ligero problema, jamás se había realizado un viaje tan largo, mi nave no contaba con un depósito de combustible de ese tamaño y el sistema de generación de combustible no tenía los recursos para crear el combustible faltante, pero existía un Plan B, los científicos encontraron un planeta desconocido a mitad del recorrido al que llamaron “Morado”, de acuerdo a sus estudios este planeta podría albergar minerales necesarios para la producción de combustible y así poder llegar a mi destino, la única advertencia era que ese planeta no había sido explorado por los humanos, no sabíamos si existían seres hostiles, sólo sabíamos que había vida en ese planeta debido a las estructuras construidas.

Después de estudiar el plan llegó el momento de partir, pero cuando di el primer paso en la rampa de la nave escuché que alguien gritaba mi nombre, era Emily, una chica con la que llevaba mucho tiempo saliendo, sin embargo la relación era demasiado casual, nunca habíamos tocado el tema de sentimientos, lo que teníamos era algo frío.

-“¡Nico!”, gritó Emily.

-“¿Qué pasa Emily?”

-“Escuché que te ibas pero no sabía si era hoy hasta que vi que todo el mundo venía al hangar, entonces decidí venir a despedirme”

-“Gracias, necesitaba que alguien me deseara suerte”, respondí.

“Lo sé, sólo cuídate mucho Nico, no tengo un buen presentimiento acerca de este viaje”, insinuó Emily, mientras se abalanzaba para darme un abrazo.

En ese momento, sentí cómo su lagrima recorría mi mejilla, nunca había mostrado algún sentimiento hasta el día de hoy, le dije que no se preocupara y le sonreí de forma confiada mientras seguí subiendo por la rampa, sin embargo en el fondo moría de miedo, no quería que la última cara que recordara de mi fuera de un hombre asustado.

Al llegar a la cabina de mando inicié los protocolos de seguridad checando todos los sistemas de la nave, todo parecía en orden, encendí los motores y salí a toda velocidad de la estación.

Si todo salía a la perfección y los cálculos eran correctos el viaje duraría poco más de seis meses, eso suponiendo que pudiera conseguir el combustible en el planeta Morado sin complicación alguna y por suerte sin usar el arma, pero todo eso no lo podía saber en esos momentos.

Las semanas pasaron, cada vez perdía más la cordura, día tras día recorría el espacio mirando horas y horas de estrellas y un vacío de color negro por los alrededores, mi única compañera era la Inteligencia Artificial llamada “A.I.”que habían instalado en la nave para asistirme en cualquier problema, todo ese tiempo hablábamos horas y horas, era increíble cómo habían evolucionado las inteligencias artificiales, a pesar de tanta platica aún sentía que estaba solo en el espacio.

En el tercer mes de viaje llegó el momento de acercarme a la órbita del planeta Morado con el objetivo de conseguir el combustible, las reservas de la nave estaban vacías y era mi única oportunidad de conseguir esos recursos para continuar la misión.

Conforme me fui acercando a la órbita sentí algo extraño, algo que no andaba bien, los sistemas de la nave empezaron a descontrolarse, las computadoras se volvieron locas y los controles no respondían, A.I. trataba de correr un diagnostico de la nave para saber qué estaba fallando pero la nave no parecía reaccionar y ella tampoco tenía respuesta hasta que la nave se apagó por completo, la única luz que seguía prendida eran las luces de emergencia que iluminaban el suelo para poder moverte dentro de la nave.

Pasaron seis largas horas donde A.I. trataba de encontrar una respuesta a este fallo de sistemas pero ni ella ni yo podíamos tener explicación alguna, el sistema de energía de la nave parecía destruido ya que no había forma de restablecerlo, incluso las comunicaciones con la estación se habían perdido, pero de repente, con una voz asustada, A.I. se dirigió a mi.

-“Nico, las lecturas de la órbita detectaron una lluvia de asteroides que se acerca a alta velocidad”, mencionó A.I.

Asustado por la situación, le pregunté “¿En cuánto tiempo llegarán a la nave y con qué fuerza?”

-“Exactamente en cinco minutos y con la fuerza suficiente como para destruir la nave en un 60%”, me respondió.

-“ ¿Y me lo dices faltando cinco minutos? ¿No pudiste detectarlo antes?”, le comenté más alterado.

-“No, los sistemas de la nave lo hubieran detectado con kilómetros de anticipación pero todo está caído”, contestó con rapidez.

Entonces exclamé “¡Tenemos que encontrar una forma de restablecer los sistemas, no tenemos tiempo!”

Los minutos pasaron y no lográbamos encontrar forma alguna de echar a andar la nave para alejarnos de esa lluvia de asteroides, miré a la ventana y pude ver cómo se acercaban con una velocidad exagerada, creo que todo había acabado, nunca pensé que las cosas terminarían así, un miedo enorme se apoderó de mí y pude sentir cómo el sudor me recorría todo el cuerpo…

-The Wanderer

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