SOBREVIVIENDO

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He vivido toda mi vida en un pueblo de Guerrero, la inseguridad siempre ha existido, pero durante los últimos años la violencia ha crecido de forma exponencial en este lugar, nadie dice nada y ahora cuando presenciamos un asalto o un asesinato ya nadie se inmuta, lo hemos aceptado y vivimos con ello día a día.

La mayoría de la violencia que ocurre en mi pueblo nunca llega a las portadas de la prensa, no llega a los sitios web de noticias y no aparece en los noticieros de la mañana, somos un pueblo olvidado donde las muertes de nuestros “cercanos” no importan al mundo, ¡Vaya, ni siquiera a México!.

Volviendo a mi historia, desde pequeño mi padre nos dejó y mi madre nos sacó adelante, trabajando de día y noche con poco descanso para poder pagarnos nuestra comida y vestimenta. Aunque teníamos muy poco, mis hermanos y yo siempre fuimos muy agradecidos, sabíamos que las oportunidades escaseaban en este lugar.

Pero, llegó un momento en el cual mi madre ya no podía abastecernos con su sueldo es por eso que mis dos hermanos y yo decidimos dejar la escuela, conseguir un trabajo y ayudar con los gastos de la casa, abandonamos la escuela antes de terminar la secundaria, sé que nos condenamos al dejar los estudios ya que pueden ser el arma más valiosa para poder mejorar nuestras vidas pero, ¿qué opción teníamos?, es lo mínimo que podíamos hacer por mi madre.

Hace dos años, mi madre se desplomó en el trabajo y fue trasladada al hospital “rascuacho” del pueblo donde fue diagnosticada con una enfermedad crónica, el dolor le impidió seguir trabajando y ahora está en cama, los medicamentos que alivian su “pesadilla” son caros y nos vimos en una situación demasiado apretada, los gastos se incrementaron y estábamos desesperados.

Mi hermano Carlos se fue por la vía “fácil”, así la llamo yo, aunque tampoco puedo culparlo, fue detenido por robo a mano armada un año después del diagnóstico de mi madre y ahora esta en el reclusorio. A veces voy a visitarlo, no para de pedirme perdón porque sabe que ha errado pero en el fondo sé que sus intenciones eran nobles, todos moríamos de desesperación al ver a mi madre en ese estado.

Juan por el otro lado no supo manejar el estrés, al enterarse de lo que había pasado con Carlos y muerto de miedo por la situación familiar decidió ir a probar suerte a Estados Unidos en busca de dinero, un amigo le contó de otro amigo que trabaja construyendo y después de unos meses pudo comprarse una casa, prometió volver o por lo menos enviar dinero de vez en cuando, han pasado meses y no sé nada de él, ni siquiera ha sido bueno para llamar a mi madre y checar cómo va todo.

Las cosas empezaron a torcerse, mi madre necesita casi el doble de medicamento para mantenerse “tranquila” y poder aguantar el dolor y mi trabajo atendiendo un puesto en el mercado ya no era suficiente, empecé a consumir drogas en las noches para escapar de mi triste realidad, se la compraba a un amigo del mercado, él a su vez se la compraba al proveedor del pueblo, las consecuencias eran fatales, mi cuerpo al otro día se sentía envejecido, sin fuerza y cansado pero por lo menos podía olvidarme de todos mis problemas por un rato.

Todo cambió un miércoles, fui a visitar el mercado buscando a mi amigo y obtener mi dotación diaria, ese día no estaba en el puesto de siempre, sentí desesperación ya que mi adicción había crecido y no sabía si podía sobrevivir sin ella una noche, de repente escuche que gritaban mi nombre.

-“¡José!”, gritó.

-“Aquí estoy, me moví de puesto pero traigo lo de siempre”, me dijo en una voz mas baja.

Lo seguí por un pasillo medio oscuro del mercado que nunca había visto y cuando llegué al puesto que había mencionado mi amigo logré visualizar a dos personas hablando, de repente me di cuenta que era “El Beto”, el traficante más importante del pueblo, la gente le temía y tenía una reputación enorme.

-“José, te presento a Beto, seguramente ya lo conoces, escuchó de las broncas que traes con tu madre y quiere ayudarte”, dijo de forma confiada pero no respondí nada.

-“Hola José ¿cómo estás?”, dijo Beto.

-“Bien, gracias”.

-“Escuche lo de tu madre, algo terrible, pero puedo ayudarte si estas dispuesto a trabajar conmigo”, continuó diciendo.

-“Puedo ofrecerte ganar el doble de lo que estás ganando y de acuerdo a como trabajes eso puede ir aumentando”, comentó.

Me contó todo su plan, básicamente lo que quería de mi era que yo vendiera la misma droga que había estado consumiendo, la venta sería en una parte del pueblo donde hasta el momento nadie había distribuido este producto, me amenazó diciéndome que tenía que dejar de consumir para no poner en riesgo todo, me dieron una motoneta y el producto, no sé por que accedí, mientras me contaba de la oferta no podía dejar de pensar en la cara de sufrimiento de mi madre, necesitaba ese dinero a como dé lugar.

Dejar la droga fue lo más difícil, las primeras semanas se convirtieron en puro dolor y sufrimiento, pero, una vez fuera de mi sistema me pude concentrar mas en mi “trabajo”, llegaba temprano a mi calle, los clientes llegaban solos y las ganancias iban muy bien, de pronto podía pagar todos los medicamentos de mi madre e incluso la hice muy feliz cuando pude comprarle una cama mas cómoda, pasaba horas y horas en la cama, nada le podía quitar esa sonrisa de su cara.

“Pero los buenos tiempos no podían durar para siempre”

Una mañana me levante a la misma hora de siempre, pero algo no andaba bien, sentía algo raro en el ambiente, me bañé, tomé la motoneta y fui a la calle a ganar un poco de dinero, en cuatro horas solo habían comprando 2 clientes, cosa muy rara ya que normalmente a esta hora la cantidad de gente comprando era mayor, era como si supieran que algo iba a pasar, de repente sonó mi celular y supuse que algo había pasado.

-“Jesús soy yo, Beto, ellos también quieren vender en esta calle y le han pagado a los policías para detenerte y hacerse con esta calle, sal en friega de ahí”, gritó por el teléfono.

-“¿Quién le pagó a los policías? ¿En cuánto tiempo van a llegar?, exclamé, pero sólo escuche cómo colgó el teléfono.

Corrí por mi mochila pero en ese momento escuche una sirena, me decían que alzara las manos y soltara la mochila, el pánico se apoderó de mí, no podía ir a prisión, mi madre no iba a aguantar mucho sin mi y necesitábamos desesperadamente ese dinero, vi que las llaves de la motoneta estaban puestas y no estaba muy lejos, decidí correr para alcanzarla y salir de ahí pero en el momento que moví mi cuerpo escuche un sonido muy fuerte y caí al piso.

No sabia que era lo que ocurría pero tenía un dolor punzante en el estomago, sentía que algo brotaba pero no tenía el valor para voltear a ver, el sonido se ensordeció y no escuchaba nada, sólo veía a los policías acercándose a mi, la vista se me nubló y mi cuerpo se estaba relajando poco a poco, la cara sonriente de mi madre y de mis hermanos pasaba por mi mente, cerré los ojos con un sentimiento de tranquilidad y suspiré por última vez…

-The Wanderer

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