SÚBITO

 

Un rayo de luz entra por la ventana, lentamente abro los ojos, mi perro Max ya está sobre la cama lamiéndome la cara, seguramente quiere que le abra la puerta, al salir a la terraza del departamento me llega un sentimiento de felicidad, el día está precioso y se respira tranquilidad.

Empiezo a beber el café que me tomo diariamente, el aroma es perfecto, me siento en la silla de siempre y contemplo el cielo por varios minutos hasta que recuerdo que tengo una junta con los demás directivos de la empresa, tomo la ducha mas rápida que he tomado, me visto, tomo la bicicleta y tomo el camino más rápido al trabajo.

De repente siento como mi cuerpo me pide un descanso, dejo de pedalear y volteo a la derecha, la torre Eiffel se ve diferente hoy, más bella, continuo el trayecto y llego justo a tiempo a la oficina, los directivos están entrando a la sala de juntas por lo que logro entrar antes de que estén todos sentados, la junta se vuelve igual que siempre, aburrida y tediosa pero al final todo sale bien.

Paso el resto del día elaborando un nuevo proyecto para la siguiente semana, estoy cansado de la junta por lo que decido volver a casa, a medio camino me surge un antojo repentino de una buena copa de vino y una baguette por lo que decido desviarme para comprar en mi lugar favorito de comida.

Llegando veo una cola de espera de tres personas por lo que decido esperar, mi antojo tiene paciencia, la primera persona es atendida y sigue la mujer que está delante de mi, me muevo un poco de la fila para poder ver los nuevos productos, de repente escucho la conversación entre la mujer y la persona que atiende el mostrador

-“Una baguette de jamón y queso azul”, ella dijo.

-“¿Algo de tomar para acompañar la baguette señorita?, le preguntó.

-“Si, una copa de vino, el de la otra vez, de Borgoña”, ella pidió.

Quedé asombrado, en todos mis años de visitar este lugar no había escuchado a alguien pedir la misma combinación que yo, de repente alcé la cabeza para mirar a la mujer de la “combinación perfecta”, me quedé sin aliento por un momento, sentí que el tiempo se detuvo, nunca había visto una mujer igual, medía casi lo mismo que yo, pelirroja, ojos azules y grandes, pestañas enormes, un abrigo que le quedaba a la perfección y una sonrisa desgarradora.

De repente recobré la razón y escuché como me preguntaba cual iba a ser mi pedido, le comenté que quería lo mismo, todo esto sin quitar la vista de la mujer, ella recibió su pedido y decidió sentarse en las mesas que se encontraban fuera del establecimiento, sacó una consola portátil y comenzó a jugar.

Sentí que mi orden estaba tardando años cuando seguramente habían pasado dos minutos, algo me hacía anhelar poder hablar con ella y conocerla mejor, pero mi cerebro estaba haciendo corto circuito, nunca había tenido una relación formal solo encuentros casuales y toda mi vida había sido de esas personas que no se interesaban por conocer a alguien y formar una relación.

Recibo la orden, tomo las cosas y sigo ideando un plan para hablar con ella, en ningún momento dude en hablar, era como si algo me condujera a ella, el tiempo pasaba y no se me ocurría nada, seguramente me veía bastante raro parado en medio del lugar y viéndola fijamente, decidí acercarme sin plan alguno y acercarme a su mesa.

Me siento en su mesa, dejando la baguette y la copa de vino, ella levanta la cara y cierra su consola.

-“¿Te puedo ayudar con algo?, comentó.

-“Realmente no…”, titubee.

-“¿Entonces por qué te sentaste aquí?, ella dijo mientras sonreía.

-“No lo sé, realmente algo me atrajo a esta mesa, tengo un enorme deseo de conocerte y saber quien eres”.

-“Temo decepcionarte pero estoy a punto de casarme”, ella dijo.

Me quedé plasmado, era como si mi corazón se hubiera congelado y se hubiera fracturado inmediatamente; ella empezó a reír y dijo:

-“Es una broma, llevo bastante tiempo soltera, deberías haber visto tu cara, me llamo Ana”.

La conversación inició con el pie derecho, esa broma había roto una barrera importante y la platica fluía, le gustaban los videojuegos, era arquitecta, amaba las flores, le gustaban los perros, su comida favorita era la pizza y le gustaba recorrer la ciudad en bicicleta.

Los meses siguientes fueron como magia, nunca había tenido tantas citas con la misma persona, mientras más la conocía más me enamoraba, la visión que tenía sobre la vida había cambiado totalmente, al final no eran mentiras las palabras que siempre negué:

“El amor es el sentimiento mas fuerte de todos”

Yo podía ver en sus ojos y en su sonrisa que el sentimiento era mutuo, estábamos locos el uno por el otro, nunca había sonreído tanto en mi vida; después de un tiempo decidí que la situación se estaba volviendo muy seria y quería compartir mas cosas con Ana por lo que le hice una propuesta importante, le pregunté si quería vivir conmigo.

Ahora cada vez que me levanto Max ya no sube a la cama para lamerme la cara a mí, ahora lame la cara de Ana y ella es la que se levanta a abrir la puerta de la terraza para que salga, parece que la ama mas a ella y se ha olvidado de mi, pero no importa los tres somos felices y eso es lo que más importa en estos momentos.

 

-The Wanderer

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