¿QUÉ ESPERAR DE MISIONES CUANDO NO ERES RELIGIOSO?

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Seré honesto, decidí ir de misiones solo porque necesitaba las horas de servicio social y poder titularme, estaba muy “nefasteado” por el hecho de tener que ir una semana a un evento religioso y para empeorar las cosas, tenía que sacrificar la semana santa.

Realmente nunca he sido religioso, no conozco nada acerca de la biblia y nunca me ha llamado la atención, pero por el otro lado me considero una persona honesta, amable y generosa sin necesidad de acercarme a la iglesia.

Me preparé para no sufrir tanto, le pedí a mi novia que me acompañara con la esperanza de que no nos separaran y la semana se me hiciera mas corta. Pero las cosas cambiaron cuando llegó el día de subirnos a los camiones y partir a Guanajuato.

Al llegar al registro y entrega de las maletas, me percaté de lo que estaba pasando; estaban dividiendo a las personas por colores, entonces empecé a sudar frío porque no quería quedarme solo y mi idea era que por lo menos podríamos sentarnos juntos en el camión.

Nos tocó a nosotros, a ella le asignaron el color amarillo y justo antes de escuchar mi color repetí en mi cabeza “amarillo, amarillo” pero la palabra fue “color negro”; inmediatamente me molesté.

Tomé la decisión de ignorar los colores y me subí en el mismo camión que mi novia; pasaron lista de las personas que deberían ir en ese camión, obviamente no dije nada y el trayecto inició.

Algo que no me parece correcto respecto a ese tema es el hecho de que separen a todos por colores como si fuéramos niños de primaria; entiendo que es complicado poner a una pareja en el mismo equipo pero los colores de los camiones ni siquiera eran los equipos finales.

Cuando llegamos a la iglesia en Guanajuato tuvimos una dinámica y con ella nos enteramos que efectivamente estaríamos en equipos diferentes; mi disgusto fue aún mayor pero acepté mi destino lentamente.

La verdad no soy una persona muy amigable entonces al principio fue difícil convivir con mi equipo pero poco a poco fui conociendo a mis compañeros y me fui sintiendo cómodo.

Los líderes del equipo fueron bastante flexibles en el tema religioso, sinceramente no tenía interés alguno de entrar a las celebraciones religiosas o las misas razón por la cual me salté varias de ellas pero a lo largo de la semana me di cuenta que lo religioso no comprendía todo.

Los primeros días fueron muy duros debido a que soy muy especial con la limpieza e higiene personal, no bañarme después de sudar todo el día me parecía algo increíble; yo tenía entendido que por lo menos nos íbamos a bañar dos veces en esa semana pero no fue así, estuve 7 días sin bañarme.

Al segundo o tercer día empezó la mejor parte del viaje, que al principio yo no tenia la capacidad de verlo como algo pero esto fue cambiando; al momento de entrar a las casas y platicar un poco con las familias podías observar como pasaban de ser reservados a tener una sonrisa en la cara, parecía como si se llenaran de esperanza.

En mi opinión creo que escuchar todos los problemas tan graves de las familias y al final terminar con la oración “Usted tiene que seguir rezando, la solución está en la oración” no es de gran ayuda; creo que podríamos involucrarnos más en su historia y ofrecer otro tipo de platica, algunas soluciones mas aterrizadas al problema.

Independientemente de eso, la mayoría de las familias nos agradecían eternamente el haber dejado nuestras comodidades para visitarlos; ellos nos comentaban que el hecho de que nosotros estuviéramos ahí les traía mucha esperanza y eso me hacía muy feliz.

Yo conocía la situación del país, sabía que en gran parte de México la pobreza es enorme, pero poder presenciar directamente las condiciones en las que viven estas personas (que seguramente no son las peores) y conocer la magnitud de la desigualdad te abre los ojos y te cambia.

Las personas que nos recibían para alimentarnos nos atendían de una forma inigualable y muchas veces sacrificaban muchas cosas para poder alimentarnos a todos, me rompía el corazón pensar en lo difícil que debe de ser alimentar a 20 personas en esa situación.

Me desconecté de toda mi vida por una semana, empecé a darme cuenta de lo afortunado que era, de todas las oportunidades que he tenido, que tengo todo lo que necesito y mucho más, que a veces nos quejamos de nuestra vida sin darnos cuenta que lo único que tenemos que hacer es estar agradecidos y luchar para que las oportunidades sean iguales para todos.

Fue una semana difícil y llena de retos, no es sencillo dejar de bañarte una semana y estarte limpiando con toallitas húmedas en lugar de agua, dormir en tu sleeping bag pero con dolor de espalda por el piso, comer cosas que te dejan el estómago frágil o aguantar una calentura de 38 grados un día antes de regresar.

Pero después de todo eso me sentía muy orgulloso de haberlo logrado, al final las horas del servicio social no fue lo único que gane, me quedé con una reflexión enorme acerca de la vida, con amigos increíbles y con mas ganas de hacer algo por nuestro país que está tan dañado.

-The Wanderer

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