Soledad en la ciudad

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Metrobús, línea 1, Martes, 19:00 h. Tramo: Reforma – Polyforum.

Al fin saliste del trabajo, es un día lluvioso y tienes que regresar a tu casa, normalmente utilizas el transporte público porque es la peor hora del tráfico en la ciudad.

Vas a la estación, tienes que hacer fila para entrar, los camiones están parados uno frente al otro en el carril especialmente designados para que éstos transiten.

No te queda de otra, soportar a tanta gente junta es un reto a menos de que escuches un poco de música, pero abres tu mochila y te das cuenta que olvidaste los audífonos en tu escritorio.

Fuck! es lo peor que me podría pasar en este momento, aunque son pocas estaciones esto se me va a hacer eterno.

Y es aquí cuando tu mente empieza a divagar. A como puedes entras en el camión que te toca, creo que ni siquiera tuviste que esforzarte mucho, la misma gente te va empujando y de repente te diste cuenta que ya estás en el vagón.

Está todo apretado, no te puedes agarrar de nada, más que de las personas que están a tu alrededor, pero también es imposible porque tienes que cuidar tus bolsillos, ya sabes que en el transporte público de la ciudad de México roban todo el tiempo y sin que te des cuenta.

Entonces ahí estás, parado y rodeado de gente, soportando el vapor que surge desde el fondo del camión y que por cierto, la lluvia no contribuye para nada bueno.

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Ves distintos panoramas, gente usando traje igual que tú, que también lo único que quieren es llegar a sus respectivos hogares, después de estar escuchando todo el día las quejas de su jefe, los chismes de los demás y las exigencias de los clientes.

Ves madres acompañadas de sus hijos, algunos ya dormidos después de las horas extra de escuela, hay personas peleando porque van muy pegadas unos a los otros y algunos hombres aprovechándose de esa situación.

Una vez en el metro me tocó ver a un señor que sacó su celular para “discretamente” tomarle fotos a las piernas de una mujer que iba dormida frente a él. Y se bajó en la siguiente estación antes de que alguien pudiera decirle algo.  

Al fondo ves al conductor del Metrobús manejando desde una cápsula casi aislada de toda persona, con un letrero hasta arriba que dice “Por favor no hable con el conductor”.

Ves risas, ojos de todos colores, pelos, hueles miles de perfumes combinados, sudor, axila, culo, tierra mojada, humo. Sientes tu piel húmeda por el sudor que recorre tu cuerpo.

Estás en la ciudad, estás rodeado de cientos de personas y al mismo tiempo estás SOLO.

¿Que haces con ese sentimiento?

Vas a llegar a tu casa y comerás dos latas de atún, con mayonesa tal vez y tu único compañero será Frank Underwood en la televisión.

¿Te sientes mal por eso?

Creo que esta situación cada vez es más común en las ciudades, pero hay muchas soluciones a este “problema”.

PRIMERO. Trata de transformar lo negativo en energía que de alguna u otra forma te alimente.

A lo que me refiero es a lo siguiente: Una vez que afrontaste las adversidades, siéntete orgulloso por haberlo hecho. Si fueras cualquier persona, ya te hubieras rendido hace mucho tiempo y regresado a tu aburrido lugar de origen.

Pero tienes un objetivo, tienes una razón, la que sea, pero eso es lo que te nutre, es el motivo por el que llegaste a vivir ahí.

Haz que esos momentos te exciten intelectualmente, observa el comportamiento de los demás y admira la belleza de la convivencia y de poder apreciar tantas diferencias en un mismo lugar.

SEGUNDO. Prueba nuevas opciones, un Hola no le hace mal a nadie, de todas maneras si la persona no quiere hablar contigo no lo hará, puede ser que no tenga ganas, pero es algo que he probado y la mayoría de las veces he tenido éxito.

Casi todos están un poco desesperados por contar sus más íntimas inquietudes a un extraño, creo que todos necesitamos un desahogo de vez en cuando. Y qué mejor que decirle algo que nos atormenta a alguien a quien jamás veremos de nuevo en nuestras vidas.

Bueno, eso de las confidencias ya será de cada persona, pero creo que se entiende bien a lo que me refiero. Olvidé mis audífonos, pero cualquier experiencia ajena y que alguien me quiera compartir es como una canción en el top ten de cualquier radio.

TERCERO. Acepta la realidad. Naces solo, mueres solo. El ser humano es un individuo. Una sola cosa. “Sustancia Individual de naturaleza racional”.

Vas a estar en una ciudad rodeado de millones de personas, no puedes exhibir tus debilidades así nadamas porque si. Los malos huelen esos miedos y es cuando las desgracias se presentan.

En una ciudad nos preguntamos. ¿Cómo conocemos gente? ¿Cómo y cuándo debo de hablar con extraños?

Creo que la respuesta debe concentrarse en que busques tu fortaleza. Refúgiate en lo que más te gusta hacer, independientemente del trabajo. Hay muchas personas a las que les gusta practicar el mismo deporte que a ti, el mismo juego de video, leer los mismos libros, ver las mismas series, etc.

Y si esa comunidad no existe, créala, utiliza sabiamente las redes sociales. ¡PARA ESO SIRVEN!

Al final del día estamos todos en esto. Los ciudadanos debemos de contribuir al sano desarrollo de nuestra comunidad.

Dividimos los bienes en públicos y privados precisamente para poder convivir mejor. Ve al parque de tu casa, recorre las calles, habla con la señora de la tiendita, toma fotos de lo que más te gusta, juega fútbol con los niños de tu colonia.

Dominar el arte de estar solo y a gusto en la multitud es una de las claves más útiles para tener una feliz existencia urbana. Te deseo siempre lo mejor y recuerda:

Al principio, la relación más importante de todas es LA QUE TIENES CONTIGO MISMO. 

-elHund

 

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