Las cenizas no se fuman

Las cenizas no se fuman.png

¿Alguna vez te tuve?

Te olí, te lamí, deslicé tu suave piel contra mi cuerpo, te sentí una y otra y otra vez. Te envolví en mis sábanas blancas y delicadamente me fumé todo tu cuerpo.

Siempre supe que después de hacerlo no había más, sé que no te podía reclamar como mía, por lo que ni pensé en restringir tu libertad, aunque a ti te gustan las riendas apretadas.

Te gusta ser maltratada, como si hubieras sido una flor que fue aplastada y crees que esa es tu condición ahora. Te gusta que te ordenen, o al menos que eso traten de hacer contigo.

No te quise a mi lado, pero tampoco deseaba pasar las noches sin ti.

Fuimos practicantes de la idea milenaria.

Vivimos los intrépidos momentos del pecado. Vivimos juntos la intensidad de la vida. Exploramos lugares ocultos del alma en un tiempo récord.  

Extasiados nos besamos, nos unimos sin pensarlo. En el día, en la noche, en el coche. No habían descansos, no habían sueños, nos manteníamos despiertos contando cada momento.

Y yo te seguía fumando, te seguías acabando.

Fue un  pecado mutuo, un viaje doble directo al infierno. No hubo nunca regreso. Tomé los riesgos necesarios para estar contigo. Firmé un pacto de sangre y por eso sigo quemándome poco a poco. Sabía que aquí en la tierra, donde el tiempo reina, no podríamos jamás existir.

Tienes cola mujer, quemas hasta el alma, eres una obsesión femenina. Ilusionas y ejecutas suavemente. Al principio la ceguera era profunda, pero finalmente pude ver lo que en verdad eras, para descubrir que el diablo es mujer.

Me río, porque regresaría contigo mil veces al inframundo. Y el diablo seguiría burlándose de mí. Seguirás riéndote de todos.

Cerré la puerta y creo que fue por siempre. A esa vida, a esas noches, no podré regresar nunca.

Aunque sea lo que más quiera, las cenizas no se fuman.

Advertisements